
Resulta increíble como en este momento en el que no debería levantar la cabeza de los apuntes es cuando realmente no la puedo bajar. No puedo resistirme a mirar todas esas fotos, tal vez añorando buenos momentos, añorando a la gente o simplemente siguiendo esa curiosa coincidencia de echar de menos todo cuanto sabes que es imposible que suceda, que estas demasiado lejos y ha pasado ya demasiado tiempo. Es ahora cuando me doy cuenta de que no soy esa niña que siempre he sido, ya no vale con estudiar el día anterior, ya no puedes memorizarlo todo, es imposible, ya no puedes permitirte cagarla y que al día siguiente se solucionen todos los problemas porque tu oportunidad se aplaza a septiembre o simplemente el tiempo no te da otra 2º oportunidad. Tal vez todo vaya muy rápido y yo quiera ir muy lenta no lo sé. Quiero volver a pasar las horas muertas en la calle, a llenar el escritorio de cartas de olor y no de apuntes interminables, volver a tener entre mis manos una peonza, un balón, un diávolo, un taco de cromos o un simple bocadillo de nocilla y no tener tantos jaleos ni tantas historias en la cabeza.


